sábado, 18 de febrero de 2012

Vuelo de ladera en Villabuena

Hoy, ya puedo decir que he volado como un pájaro.

El plan del día, era ir primero a la zona de Tiedra para seguir evolucionando con el dominio del parapente y después de comer, acercarnos a Villabuena o Urueña para intentar hacer algo de ladera, ya que la previsión del viento era la adecuada.

Y lo hemos cumplido a rajatabla. En Tiedra me he metido 5 descensos con sus respectivos retornos a pie al punto de salida, que me han servido para entrar en calor. También mi padre ha hecho aquí sus dos primeros vuelos, en uno de ellos, casi le tocó correr toda la colina abajo, pero sin consecuencias. Y vaya cara de satisfacción que tenía.

Después de comer junto a la Ermita de Tiedra, por cierto, llena de tibias y calaveras en sus alrededores. Los que mandan, se han decantado por la opción de Villabuena. Esto del parapente es así, te pasas un montón de tiempo en el coche, buscando la zona de despegue, colocando la vela, esperando el viento idóneo... pero todo tiene su precio.




La primera impresión del vuelo en Villabuena, es al ver la zona de despegue. No está para dudar mucho, o sales o no, pero no vale quedarse a medias, ya que te puedes comer una encina o bajar rodando por el terraplen.

Hemos dejado que salieran los máquinas y nos dieran el visto bueno. Yo no tenía mucha prisa, pero después de que salieran 2 o 3 ya tenía ganas de salir y me he ido haciendo hueco en la zona de despegue. Este primer vuelo no he conseguido enganchar la zona de viento dinámico y me ha tocado continuar hacia la zona de aterrizaje. Total, un para de minutos de vuelo. Abajo, me junté con Merino y mientras esperábamos que nos fueran a recoger, los dos comentamos que teníamos ganas de volar algún día durante más rato.

Y no hemos tenido que esperar mucho, ya que en el siguiente vuelo se han puesto las condiciones a favor.

En el intento de despegue me entró una racha y me devolvió al punto de partida con el culo, pero a la siguiente, salí limpio, giré a la izquierda y me acoplé a la ladera. El plan era seguir la línea de la ladera derivando con el viento, sin separarse de ella y en cada giro, intentar remontar algún metro. Cuando me he dado cuenta, estaba sobrevolando la zona de despegue, pero unos 20 o 30 metros por encima, que gozada. Era como un pájaro planeando sin esfuerzo. Así me he tirado unos 20 o 30 minutos, hasta que el tráfico de parapentes era tan grande que había que dejar sitio a los compañeros y me he ido a aterrizar. Además, estaba pasando frío, ya que subí pensando en un vuelo corto.

Pensé que mi padre no iba a poder volar aquí, ya que se ha saltado alguna clase, pero el tío voló y consiguió hacer algo de ladera. Que bestia.

Ya estamos ansiosos esperando el siguiente vuelo, ¿donde será? Ya tengo ganas de ir al Vizcodillo...


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