sábado, 16 de marzo de 2013

Alta Ruta Pajares-Fuentes de Invierno

O como apostar demasiado alto para quedarnos en el camino.
Esta fue la mayor visibilidad del día.

Con la ilusión y las ganas que teníamos Fernando y yo de probarnos en la ruta de 50 kms, cuando la organización nos comunicó su intención de recortar el recorrido y comenzar en Piornedo, ya fue demasiado tarde. La teníamos metida en la cabeza, se nos había enquistado y no había forma de sacarla.

Por ello, le propuse a Fernando  hacer por nuestra cuenta y riesgo la primera parte del recorrido -de Pajares a Piedrafita-, para luego unirnos al resto del grupo en Piornedo y continuar ruta a Fuentes.

Sin embargo, no todo es lo que parece y cuando desde casa consultas los mapas, nada tienen que ver con lo que te encuentras en el terreno (y más de noche, con nieve, ventisca y en medio de la nube).

Salimos de Zamora sobre las 23 h., después de haber trabajado toda la mañana y con una pequeña siesta a mediodía. Vamos con ilusión y paramos a tomar un café poco antes de llegar a Pajares. La noche está despejada y estrellada, pero negra como boca de lobo.

A nuestra llegada a Pajares, nos recibe un viento incómodo y el cielo se va cubriendo. Rápidamente nos preparamos y a la 1,55 comenzamos a foquear. Vamos pegados al arcén de la carretera, haciendo de vuelta el camino hasta Arbás del Puerto. Aunque es bajada, hay poca pendiente y nos resulta imposible deslizar abriendo huella.

Hemos perdido algo más de media hora en un recorrido de bajada de 2'5 km., que en otras condiciones hubiera sido un suspiro. Llegamos a Arbás y localizamos una huella, hacemos caso omiso al gps y decidimos seguirla, creyendo que era de la organización.Sin embargo, nos hace subir demasiado y nos aleja del track. Cuando queremos rectificar en mitad de la noche, nos obliga a bajar unos 35 m. de desnivel, en una nieve costra con una pendiente delicada, quitarnos las tablas y atravesar un arroyo. Otra media hora larga que perdemos en el enrisque.

Encontramos huellas de nuevo, se mezclan las tablas con las raquetas y todo el camino está convertido en un patatal duro e incómodo de progresar. Aún así, coincide con el track y vamos contentos de poder avanzar metros rápidamente.

Ahora si llevamos buen ritmo y en poco más de hora y media, superamos los 600 metros de desnivel, los últimos ya con las cuchillas puestas. Llegamos a la arista cimera y tenemos que buscar el paso por el collado del Pico Cellón. Vemos las luces Pendillas de Arbás muchos metros por debajo y me sobrecoge un poco, ya que parece que cae a plomo.

Encontramos el paso con la ayuda del gps, quitamos pieles y comenzamos a esquiar tímidamente con la luz de nuestros frontales, comprobando a cada poco las curvas de nivel que nos marca. Terminamos disfrutando un montón esta bajada, en la que nos íbamos turnando en cabeza, para el segundo tener la referencia del frontal que iba por delante y disfrutar aún más de los giros.

Seguimos esquiando entre árboles y escobas hasta 1350 metros, donde encontramos una nave ganadera y algunas marcas reflectantes de la ruta. Son las 5,30 am, paramos a colocar pieles y luchamos contra el sueño que nos incita a meternos en la nave y echar una cabezada.

Ya damos por perdida la oportunidad de enlazar con la Alta Ruta que comienza en Piornedo. Sólo nos queda el orgullo de intentar culminar nuestro reto.

Todo este valle de Pendilla está marcado por la organización y no tenemos problemas en avanzar. Sin embargo, las marcas nos llevan a cruzar un arroyo, a quitarnos las tablas y en la otra orilla a hundirnos hasta la cintura hasta que podemos calzarnos de nuevo las tablas.

Poco a poco va clareando el día, pero la oscuridad da paso a una borrasca que se adelanta a las previsiones y que tapa todas las cimas y collados. Comenzamos a zetear por un tubo empinado y perdemos totalmente la visibilidad. La noche que antes nos obligaba a usar el gps, es sustituida por la nube y la ventisca. Fernando va por delante y le voy corrigiendo el rumbo constantemente. La desorientación que tenemos es total, no vemos más de 10 o 20 metros y de vez en cuando nos sorprende una cornisa y algún resalte rocoso que nos   hace avanzar con mucho cuidado.

Este inacabable flanqueo del Estorbín nos supone un gran desgaste físico y emocional. Para cuando el gps nos marca el inicio de la bajada en medio de la densa nube y por una empinada pendiente, ya estamos al límite y deseando llegar a Piedrafita. El descenso se convierte en un infierno, la visibilidad es 0, no existe relieve, nos damos algún susto y bajamos mareados con ganas de vomitar. Se suceden resaltes, agujeros, simas acojonantes....

Cuando al fin podemos ver las primeras construcciones del Puerto de Piedrafita, no nos queda motivación ni ganas para continuar y decido llamar a Juan Pedro para que vengan a buscar nuestros restos.

Nos reciben como héroes, pero nosotros sólo tenemos sensación de fracaso y poco tino por haber elegido esta opción.

En fin, otra vez será.

Muchas gracias a Juan Pedro, Tete, Jose Luis y Folgado por habernos apoyado.



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