Una cima deseada desde el verano pasado. Pero mi idea era escalar su cara sur por la vía Avalon. Quién me iba a decir, que menos de un año después, podría bajar de ella con mis tablas.
Ya en febrero, una foto publicada por Jesús Calleja en su facebook, parecía retarnos, pero nos faltaba el empujón.
Los planes del viernes por la noche nos iban a llevar hasta Peña Trevinca, pero una foto "in extremis" del estado de la Laguna de los Peces, enviada por Toño, nos hizo recapacitar sobre nuestros planes y le propuse al resto del grupo -esta vez formado por Jose Luis, Pablo, Ramón y yo-, este espectacular pico.
Aunque el viaje hasta San Isidro se hace un poco largo, a las 11 ya teníamos las tablas puestas y la mirada clavada en el muro este.
Por momentos dejábamos de mirar y seguíamos foqueando, pensando que cuando lo viéramos de perfil, no nos resultaría tan fiero. Algo de razón teníamos. Le entramos flanqueando a media ladera. Pablo decidió continuar por la cresta, dejando los esquíes en un collado. Jose Luis nos había abandonado un poco antes, para disfrutar de las vistas y sacar alguna foto.
Ramón y yo, continuamos por la canal ancha. Poco a poco íbamos ganando altura, pero los grados iban subiendo y a cada zeta pensaba que sería la última y nos tendríamos que echar los esquíes en la mochila.
Pero no fue así. Conseguimos llegar al estrechamiento y superarlo con pequeñas zetas. La nieve se notaba consolidada, aunque a veces se desmoronaba alguna pequeña placa en los giros.
En poco menos de dos horas, hicimos cima y nos juntamos con Pablo, que venía progresando por la arista. Una cima ansiada y disfrutada, que este día sólo recibió nuestra visita. Un privilegio poder estar allí los tres solos.
Como siempre, algo de nervios por la bajada. Aunque tras los primeros giros, nos dimos cuenta que la nieve estaba espectacular y disfrutamos como pocas veces. Fuímos en busca de Pablo y seguimos gozándola hasta el mismo parking de la Braña.
Eran poco más de las dos de la tarde, queríamos seguir disfrutando del día y de la nieve, así que, a Fuentes de Invierno a aprovechar un par de horas de esquí.
Aunque el viaje hasta San Isidro se hace un poco largo, a las 11 ya teníamos las tablas puestas y la mirada clavada en el muro este.
| Muro este a la vista |
Ramón y yo, continuamos por la canal ancha. Poco a poco íbamos ganando altura, pero los grados iban subiendo y a cada zeta pensaba que sería la última y nos tendríamos que echar los esquíes en la mochila.
Pero no fue así. Conseguimos llegar al estrechamiento y superarlo con pequeñas zetas. La nieve se notaba consolidada, aunque a veces se desmoronaba alguna pequeña placa en los giros.
En poco menos de dos horas, hicimos cima y nos juntamos con Pablo, que venía progresando por la arista. Una cima ansiada y disfrutada, que este día sólo recibió nuestra visita. Un privilegio poder estar allí los tres solos.
Como siempre, algo de nervios por la bajada. Aunque tras los primeros giros, nos dimos cuenta que la nieve estaba espectacular y disfrutamos como pocas veces. Fuímos en busca de Pablo y seguimos gozándola hasta el mismo parking de la Braña.
Eran poco más de las dos de la tarde, queríamos seguir disfrutando del día y de la nieve, así que, a Fuentes de Invierno a aprovechar un par de horas de esquí.


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